Finalmente he tenido la oportunidad de darle una mirada a “Hatha Yoga” de Theos Bernard, quien fue un investigador, escritor y practicante de Yoga y Budismo Tibetano.

Este texto es un clásico de la literatura moderna, publicado post-mortem por primera vez en 1950. Theos Bernard viajó a estudiar e investigar a India y el Tíbet durante la década de los 30. Se dice que le dispararon y murió junto a su acompañante tibetano en Pakistán. Su cuerpo no obstante, nunca fue encontrado.

Personalmente agradezco esta obra. Cuando un practicante se adentra en el sofisticada práctica del prānāyāma tradicional y la desconocida dimensión a la cual te transporta, toda información de quiénes han viajado ahí es importante. Así, lo interesante de esta obra es que constituye un relato de primera mano de las experiencias propias del autor al ser sometido a un régimen estricto de práctica en los aspectos genuinos del Hatha Yoga clásico. Contrastando con las variantes sosas y diluidas de la práctica que se ve hoy, Bernard registra los impactos fisiológicos y psicológicos de la antigua disciplina.

 

“La técnica utilizada finalmente por mí era sencilla. Después de unos quince minutos de bhastrika, iniciaba el pranayama, que consistía en una inhalación profunda, una suspensión de dos minutos y una exhalación lenta .Se me enseñó que la exhalación debía ser doblemente que la inhalación. En un principio la inhalación era de diez segundos y la exhalación de veinte. Más adelante aumenté el tiempo a quince segundos para la inspiración y treinta segundos para la espiración. En todo momento mantuve la respiración bajo control total, y no me detuve a descansar o a aspirar aire extra entre las vueltas. Empecé con diez vueltas, lo cual constituye un promedio fácil para una persona de buena salud; sin embargo, no basta esto para iniciar el próximo estadía del yoga: el control de la mente.”

 

“Experimenté la primera etapa desde un principio. Después de una o dos vueltas, empecé a sudar copiosamente. A medida que desarrollé fuerzas y poder, la transpiración tardaba más en presentarse y no era tan abundante como en los primeros momentos del esfuerzo. Al cabo de algunas semanas observé los síntomas de la segunda etapa, los temblores, que se presentaron en oca sión de practicar el perfeccionamiento del bhastrika. Al principio sentí escozores. Continuando la práctica, estas sensaciones de escozor aumentaron. Muy pronto tuve la impresión de que por mi cuerpo corrían insectos. Mientras practicaba, una pierna empezó a temblar de repente. Más adelante, otros músculos se contraían de modo inesperado, y muy pronto la totalidad del cuerpo empezó a temblar sin control. En esta ocasión se me dijo que siempre debía emplear la postura padmasana. Esto impedía al cuerpo entrar en convulsiones. Siguiendo fielmente mi programa, todas estas manifestaciones desaparecieron.

 

Otra experiencia impresionante fue la de los atroces dolores que sentí en la cavidad abdominal. Al principio se presentaron ruidos fuertes y ásperos, como si los intestinos estuvieran llenos de aire. Esto lo produce el aire tragado, que procura encontrar salida. La presión aumentada era la causa de este fenómeno, pero se me dijo que habría de desaparecer con el tiempo. Y efectivamente desapareció. En estas ocasiones, si uno no tiene una idea de los principios sobre los cuales se basan estas prácticas, es probable que se pierda la fé. Resulta difícil tener pre- sente el consejo del texto: “En verdad hay muchos obstáculos arduos y casi invencibles en el yoga, pero el yogui debe continuar con su práctica pase lo que pase, aunque sienta que la vida se le está escapando por la garganta”

Hatha Yoga por Theos Bernard
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